#JuevesDeCriticas Club de Jóvenes Críticos

El arte del “Duende”

Con motivo de acercar a más personas a la experiencia de vivir el teatro de una manera más dinámica, el Programa de Formación de Públicos del Gran Teatro Nacional presentó la función didáctica de la obra teatral Duende, escrita y dirigida por Mateo Chiarella e interpretado por los actores nacionales Andrea Luna, Miguel Álvarez, Juan José Espinoza, Gabriel González y Pablo Saldarriaga. El evento estuvo dirigido a adolescentes estudiantes de diversos distritos de Lima.

La función recrea la obra de Federico García Lorca, escritor español de la conocida Generación del 27, con la tragedia Bodas de sangre. Aunque el título de la función didáctica permite imaginar una historia llena de seres míticos, Duende posee las mismas características de un ser humano, es un personaje misterioso, intenso e hilarante que nos dejará una valiosa lección.

En la obra, Federico se presenta como una persona muy temerosa de que sus piezas no tengan el éxito esperado, más con la presión que ejercen sobre él sus compañeros de viaje, la compañía de teatro itinerante La Barraca. El objetivo es grande: cautivar al público con una extraordinaria creación en cualquier punto del mundo incluyendo al Perú; sin embargo, este relato aún no está completo.

García Lorca tendrá una sola noche para cumplir esta tarea y por más que lo intente, no conseguirá concretar sus ideas. Así, con la luna en lo más alto del cielo, entre el público espectador aparece un personaje jocoso, travieso y que conoce muy bien al escritor. Él responde al nombre de Duende.

Pero, ¿quién es realmente? ¿por qué aparece en un momento complicado para el joven protagonista?

El escritor español desarrolló una teoría estética denominada Teoría y juego del duende[1], conferencia dictada el año 1933 en Buenos Aires. En ella relata sobre el proceso de creación artística. Según la poeta argentina, Marisa Martínez, “García Lorca propone que el gran arte depende del conocimiento cercano a la muerte, de la conexión con los orígenes de una nación y de un reconocimiento de las limitaciones del raciocinio”.  De esta manera, el arte del duende comunica la verdadera esencia del mundo.

Si bien no se presentan más personajes que la Novia, el Novio y Leonardo en gran parte de la función, la simbología relacionada a la muerte es la misma, por ejemplo, la luna y la navaja. Cada uno de estos elementos será necesario para reconstruir y entender la historia.

Una pareja de novios está próxima a casarse, sin embargo, la Novia no ha podido olvidar a su antiguo amor, Leonardo. Después de un apasionado encuentro entre los amantes, ellos huyen en medio de la noche. El Novio va en busca de ambos y con ayuda de la luna que ilumina el camino, los descubre.

Mientras Duende va escuchando, la atención del público se centra en el desenlace. ¿Los amantes seguirán juntos? ¿El Novio los dejará huir? ¿Alguno de ellos morirá? Es una decisión que ni el mismo Duende podrá elegir.

En ese preciso instante, la responsabilidad recaerá sobre los concurrentes. Duende motivará a que los estudiantes despierten a su propio duende decidiendo el final de la obra, ¿prevalecerá la vida o la muerte? De este modo, la intervención del público los involucra en el proceso creativo de Federico. Esta acción incentiva a cultivar la creatividad, sensibiliza mediante la literatura y el teatro además invita a creer que, hasta en los momentos más difíciles, con un poco de creatividad llega la solución.

La obra no puede quedar inconclusa y, como ellos mismos lo escogieron, la muerte no tarda en llegar. Así, los espectadores miran atentos tratando de comprender lo que sus mentes brillantes acaban de recrear en el escenario. Sin duda, el desenlace de la obra fue lo más esperado, pues ellos son los autores de ese destino trágico.

Después de haber cumplido con su misión, Duende salió de escena de la misma forma que ingresó pero debemos entender que no desaparece de la vida de Federico, él lo sigue acompañando.

Tu duende también está acompañándote siempre, solo debemos prestar un poco más de atención, conectarnos con él y no desconcentrarnos como nos recomienda el elenco actoral: “Todos tenemos un duende y debemos trabajar muy duro para despertarlo. Esto es muy importante porque él aparece en ese preciso momento. No solo tiene que ver con lo artístico, también con el deporte, con lo académico y con el día a día”.

Por Andrea Cáceres Huamaní

silvia.caceres1@unmsm.edu.pe

Foto: Cortesía Gran Teatro Nacional

  1. García, F. (1933). Juego y teoría del duende.  

Comments

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *