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No más temor

Una vez más, el Programa de Formación de Públicos (PFP) del Gran Teatro Nacional (GTN), en coproducción con el British Council, presentó la función didáctica Turno, escrita por la novelista británica Jenny Valentine y dirigida por Fernando Castro, para estudiantes de los diferentes colegios privados y públicos de Lima.

La obra nace a partir de conversaciones de dos talleres con jóvenes de las agrupaciones artísticas Puckllay de Lomas de Carabayllo, Comité Metropolitano de Estudiantes (COMETE), Kactus de San Juan de Lurigancho y estudiantes de la red de colegios del PFP. Surge con el objetivo de visibilizar los distintos problemas que poseen como la violencia de género, la ausencia de empatía, la discriminación entre situaciones socioeconómicas y la importancia de sentirse apoyados en su desarrollo personal.

La historia gira en torno a cinco adolescentes ex-compañeros de un taller de teatro, sin embargo, por la intervención de un padre de familia, estas clases llegan a su fin al igual que su amistad. Años después, por alguna razón que todos desconocen, se volverán a unir. En dicho encuentro ellos descubrirán sus sentimientos y deseos más profundos así como el motivo de su reunión. Ellos son Blanca, Alonso, Vanessa, Lucas y… ¡Julia!

Todo se desarrolla en un colegio con diferencias socio-económicas muy marcadas ya que sus aulas albergan no solo a estudiantes pertenecientes a familias adineradas, los de turno mañana, sino también a muchachos de escasos recursos económicos como los del turno noche. Dos mundos opuestos cuya unión parece imposible.

Julia representa el “puente” que logrará unir estos dos grupos. Aunque ella no esté presente -al menos no físicamente-, su espíritu deambula por el mismo espacio donde están sus compañeros y siente cómo se crea un ambiente de tensión porque ellos no dejan sus diferencias de lado ni reconocen que se necesitan.

Pero, ¿por qué está en esa situación? Pues, porque Julia solo confió en un amor tóxico y violento que, en un arrebato de celos, la revistió de sangre. En ese debate entre la vida y la muerte, su cuerpo sufre por la puñalada que le propinó su enamorado y su alma se daña con toda la violencia que le muestran sus ex-amigos.

Ellos también luchan con su propia realidad. Alonso, por ejemplo, un muchacho que considera que los de turno mañana y turno noche no se deben “mezclar” jamás, se muestra como una persona dura pero, en realidad, es un mecanismo de defensa pues proviene de un hogar machista. En el fondo es un ser sensible que teme mostrar sus sentimientos por miedo al “qué dirán” de los demás, en especial, de su padre.

Como él, Vanessa del turno noche, en su imagen de mujer agresiva, esconde a una chica llena de aspiraciones que provoca las burlas de sus compañeros, sobre todo de Alonso, a quien le dará batalla hasta el final por considerarla incapaz para soñar en grande solo por ser mujer e hija de una humilde trabajadora del hogar.

Por otro lado, Blanca es la típica chica que lo tiene todo: lujos, joyas y accesorios bonitos, pero solo anhela libertad para expresarse sin miedo y tener la oportunidad de estudiar lo que le apasiona, el arte. Aquello no le será posible porque vive sometida al mando de su padre.

Lucas, en cambio, es el más idealista del grupo. Él, al igual que Vanessa, pertenece al turno de la noche. Utiliza muletas, pero ello no le impide avanzar. Siempre analiza cada situación a tal punto de perderse profundamente en sus ideas, además se preocupa por lo que ocurre a su alrededor. Él es quien reconoce a Julia como el motivo del encuentro entre los dos turnos.

Todas estas historias que cada personaje va revelando, lo que sufren en silencio y las cuales nunca habrían expresado si no fuera por Julia. “Ella es la sacrificada para que estos chicos abran los ojos. Tuvo que pasar eso para que ellos se den cuenta de lo terrible que ha sido, se convierte en una inspiración para el grupo. (…) Convertir algo tan doloroso y triste como una muerte también impulsa una oportunidad de cambio”, comenta el director Fernando Castro.

Y lo interesante  es que lo manifiestan de una manera particular pues la obra contiene gran cantidad de diálogo. Es destacable cómo los actores Déborah Boquerizo, Diana Chávez, Diego Sakuray, Daniela Trucíos y Sammy Zamalloa mantienen la concentración para decir cada una de sus líneas con una gran rapidez y no perderse en el desorden. Sin duda, una técnica bien trabajada para retener la atención de los asistentes.

Además, usa un lenguaje coloquial que es rápidamente entendido como las “lisuras”. Esto con el fin de crear un vínculo más íntimo con el espectador. “La idea es que los chicos se peguen con lo que está pasando. Hay que hablar de la violencia, ese es el mensaje real de la obra”, añade Castro.

Sin duda, una representación que aporta una nueva forma de contar experiencias reales que en algún momento alguien ha pasado y no lo ha podido dialogar. En esta oportunidad, el teatro sirve como una herramienta para expresar la realidad de muchos adolescentes durante una etapa llena de cambios y, sobretodo, reconocer la violencia como un problema  que se ha normalizado. Hemos callado tanto frente a estos actos que el propósito de Turno es que los estudiantes busquen ayuda y no tengan temor a hablar de violencia.

Por Andrea Cáceres

silvia.caceres1@unmsm.edu.pe

Lima, 18 de octubre de 2018

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